Miedo a vender

Miedo a vender

El miedo a vender es uno de los mayores miedos junto con el de hablar en publico y el de morir, que más se manifiesta en las personas.

“¡¡No me gusta vender!! ¡¡Odio las ventas!! Antes me muero que tener que vender. Yo no sirvo para vender. Si alguna vez monto algún negocio, contrataré a alguien para que venda por mi. Alguien que sirva y que le guste” … ¿Te suenan estas frases? Seguramente conoces a muchas personas así.

Todas esas frases se pueden simplificar en un solo concepto: “MIEDO A VENDER”. Bien sea porque nos lo han inculcado desde pequeños, o porque hemos tenido una mala experiencia en nuestra vida con las ventas, el caso es que el 90% de las personas que quieren desarrollar su propio proyecto empresarial, dicen no querer vender.

Lo bueno de esto es que hay solución

La solución es empezar a darnos cuenta que llevamos vendiendo desde el primer llanto de cuando eramos vender.

El acto de vender es realizar una transacción de un producto/servicio a cambio de un valor económico. Lo más importante en este acto, es que las dos partes salgan beneficiadas.

Así que una de los grandes miedos a vender, que es pensar que vamos a engañar a nuestro cliente, se desarma dándonos cuenta que el cliente tiene que salir igual o más beneficiado de lo que salgo yo como vendedor en la operación de venta.

Pánico al rechazo

Otro de los motivos por los que tenemos miedo a vender es por el miedo al RECHAZO. El ser humano, según la neurociencia, necesitamos ser aceptados. Necesitamos pertenecer a un grupo social.

El ser humano tiene la falsa idea de que cuando el cliente rechaza lo que le estas ofreciendo, le rechaza a él. Nada que ver. Cuantos amigos tenemos que trabajan en tiendas o en grandes superficies donde no vamos a comprar. ¿Y por eso dejan de ser amigos? ¡¡¡NO!!!

Imaginemos que tenemos un amigo que empieza a trabajar en la casa Ferrari y de repente nos habla de un modelo precioso que ha salido de Ferrari. Resulta que nosotros, actualmente no nos podemos permitir económicamente el Ferrari. Si le decimos que no a nuestro amigo, ¿a qué le estamos diciendo que no? ¿Que estamos rechazando? ¡¡EXACTO!! Jamás al amigo.

Por eso cuando vayamos a vender algo, tenemos que tener la completa convicción de que eso es bueno para la persona a la que se lo vamos a ofrecer. Por supuesto que la última decisión es del comprador.

Otro de los grandes miedos a vender es porque no sabemos poner un precio y no sabemos si el posible cliente lo va a poder pagar o no. Este es uno de los temas más interesantes y más solicitados en mis formaciones. ¿Como saber si es caro o barato el precio que pongo?

¿Cuanto vale mi valor?

Personalmente me costó muchísimo poder hacerme con esta cuestión. Hasta que entendí algo muy importante. No se trata del precio. ¿Cuantas veces nos pasa que vamos a comprar algo y, lo que menos nos importa es el precio? es más ¿Cuantas veces algo nos parece caro o barato en función de lo que sea?

Me explico. Si vemos una camisa y directamente en la etiqueta pone 100 euros, lo primero que pensamos es que es cara. Sin embargo, si no vemos el precio y alguien nos enseña la camisa y nos explica lo que tiene y nos hace ver que la camisa va a cubrir perfectamente las necesidades que yo tengo, seguramente 100 euros ya no me parece tan caro.

A lo que me refiero es que el precio que le pongamos a nuestro producto/servicio siempre va a depender del valor que le demos personalmente al mismo.

Si nuestro producto/servicio para nosotros es como lo que hay en el mercado, pondremos los precios habituales de mercado. Si para nosotros, el valor es superior a lo que hay en el mercado, tendremos que marcar un precio superior al genérico.

Una vez que tenemos esto definido, cuando vayamos a ofrecerlo, vamos a ir con muchísima más seguridad puesto que nosotros, pagaríamos ese precio que le hemos fijado.

En definitiva, el objetivo es ver la venta como algo bueno y algo beneficioso para todos. Se trata de vender algo con la misma ilusión con la que recomendamos un libro o recomendamos un restaurante. ¿A que cuando recomiendas un restaurante no piensas si la persona a la que se lo recomiendas, se lo puede permitir o no? ¿No piensas si va a ir o no? Tampoco pensamos si le va a gustar o no. Directamente hablamos maravillas del sitio. A nosotros nos ha encantado, que le interese al otro o no, depende de él.

En definitiva, pensemos más en el cliente que en nosotros mismos y la venta se convertirá en un proceso natural sin miedos.

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